En Siracusa, Sicilia, se encuentra el Santuario de la Madonna delle Lacrime —Virgen de las Lágrimas—, levantado para conservar la pequeña imagen mariana vinculada a uno de los acontecimientos religiosos más conocidos de la Italia del siglo XX.
La historia comenzó el 29 de agosto de 1953, en una humilde vivienda situada en Via degli Orti di San Giorgio 11. Allí vivían los jóvenes esposos Angelo Iannuso y Antonina Lucia Giusto, quien atravesaba un embarazo complicado. Según los testimonios recogidos entonces, una pequeña imagen de yeso de la Virgen situada junto a la cama comenzó a derramar lágrimas. El fenómeno se repitió hasta el 1 de septiembre de 1953.
La imagen representa el Corazón Inmaculado de María. Durante aquellos días, una comisión recogió parte del líquido y realizó estudios sobre las muestras. Posteriormente se desarrolló una investigación eclesiástica con numerosos testimonios y documentación sobre lo sucedido. El 12 de diciembre de 1953, los obispos de Sicilia declararon auténtico el hecho de la lacrimación.
El episodio despertó una enorme devoción popular y Siracusa comenzó a recibir peregrinos provenientes de distintos lugares. En 1954, el papa Pío XII se refirió públicamente con profunda emoción a los acontecimientos ocurridos en la ciudad siciliana.
El Santuario
Para custodiar la imagen y recibir a los peregrinos se proyectó la actual Basílica Santuario Madonna delle Lacrime, una construcción moderna que se convirtió en uno de los edificios más reconocibles de Siracusa.
Su enorme estructura cónica se eleva sobre la ciudad y fue concebida simbólicamente en relación con una lágrima. El templo superior fue consagrado en 1994 y en su interior se conserva la pequeña imagen original ante la que comenzó la lacrimación de 1953.
Además del gran templo, el complejo posee una cripta y diferentes espacios destinados a la oración y a recordar la historia de la Virgen de las Lágrimas.
Via del Santuario, 33 – 96100 Siracusa (SR), Italia
Web | www.madonnadellelacrime.it
Una pequeña imagen y un enorme santuario
Una de las particularidades de Siracusa es el contraste entre la monumentalidad del edificio y la sencillez de la imagen que guarda. El origen de la devoción no está ligado a una gran estatua ni a una antigua obra de arte: se trata de una pequeña imagen de yeso que pertenecía a un matrimonio joven y estaba colocada en su dormitorio.
La Virgen de las Lágrimas terminó convirtiéndose en un símbolo del dolor humano acompañado por María. Cada año, especialmente alrededor del 29 de agosto, Siracusa recuerda aquellos días de 1953 y recibe a miles de fieles que llegan al santuario para rezar ante la pequeña imagen.




