En el corazón de los Alpes franceses, a casi 1.800 metros de altura, se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de La Salette, uno de los principales centros de peregrinación mariana de Europa. El lugar recuerda la aparición de la Virgen María ocurrida el 19 de septiembre de 1846 a dos humildes pastores, Mélanie Calvat, de 14 años, y Maximin Giraud, de 11, en las montañas de La Salette-Fallavaux, en la región de Isère.

Según el relato de los niños, una «Bella Señora» apareció sentada sobre una roca, llorando. Vestida con un resplandor sobrenatural y un crucifijo sobre el pecho, les transmitió un mensaje dirigido a toda la humanidad. Sus palabras invitaban a la conversión, a la reconciliación con Dios, a la oración, al respeto del domingo y a una vida de fe más profunda. El mensaje de La Salette es conocido especialmente por su llamado a la penitencia y a la reconciliación, razón por la cual el santuario es considerado un lugar privilegiado para la confesión y el retorno a la vida cristiana.

Tras una rigurosa investigación de cinco años, el obispo de Grenoble, Philibert de Bruillard, reconoció oficialmente la autenticidad de la aparición el 19 de septiembre de 1851. A partir de entonces comenzó la construcción del santuario en el mismo lugar donde los niños afirmaron haber visto a la Virgen.

Hoy, la gran basílica de piedra domina el paisaje alpino y recibe peregrinos de todo el mundo. El complejo incluye la Basílica de Nuestra Señora de La Salette, la Capilla de la Aparición, espacios de retiro espiritual, senderos de oración y monumentos que recuerdan las distintas escenas del acontecimiento. Cada año, especialmente el 15 de agosto y el 19 de septiembre, miles de fieles participan de celebraciones, procesiones y jornadas de oración en este lugar de extraordinaria belleza natural y profunda espiritualidad.

Para muchos católicos, La Salette es el santuario de las lágrimas de María: un lugar donde la Virgen se manifestó con dolor por el alejamiento de sus hijos, pero también con esperanza, invitando a la conversión y prometiendo la misericordia de Dios a quienes regresen a Él con un corazón sincero.

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