Señor: perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos parezcan tener ocho años y tengan trece.Señor: perdóname por haberme acostumbrado a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no.
Señor: perdóname por haber aprendido a soportar el olor de aguas servidas, de las que puedo no sufrir, ellos no.
Señor: perdóname por encender la luz y olvidarme que ellos no pueden hacerlo.
Señor: yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propia hambre.
Señor: perdóname por decirles “no sólo de pan vive el hombre” y no luchar con todo para que rescaten su pan.
Señor: quiero quererlos por ellos y no por mí.
Señor: quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos.
Señor: quiero estar con ellos a la hora de la luz.

Padre Carlos Mugica

 

La Parroquia Cristo Obrero, ubicada en el Barrio Padre Carlos Mugica —históricamente conocido como Villa 31, en Retiro— es uno de los símbolos más fuertes de la pastoral villera en la Argentina. Allí desarrolló gran parte de su misión el sacerdote Carlos Mugica, quien dedicó su vida al trabajo junto a los más humildes y a la defensa de la dignidad de los sectores populares.

La capilla original de Cristo Obrero fue inaugurada entre 1969 y 1970 por iniciativa del propio Mugica y de los vecinos del barrio. Con el tiempo se transformó en parroquia y en un espacio de referencia espiritual, social y comunitaria para miles de familias.

El Padre Mugica fue uno de los impulsores del movimiento de “curas villeros” y promovió una Iglesia cercana al pueblo y comprometida con los pobres. Su figura quedó profundamente ligada a la Villa 31, que hoy lleva oficialmente su nombre: Barrio Padre Carlos Mugica. Tras su asesinato en 1974, sus restos fueron trasladados años más tarde a la parroquia que fundó, en una ceremonia encabezada por el entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, luego Papa Francisco.