«Hic de Virgine Maria Jesus Christus natus est»
— “Aquí nació Jesucristo de la Virgen María”—

La Basílica de la Natividad, ubicada en Belén, es uno de los lugares más sagrados del cristianismo, ya que la tradición identifica este sitio como el lugar exacto donde nació Jesucristo. Desde hace más de diecisiete siglos, millones de peregrinos llegan hasta este templo para orar ante la Gruta de la Natividad, el corazón espiritual de la basílica. Allí, una estrella de plata de catorce puntas señala el lugar donde, según la tradición cristiana, la Virgen María dio a luz al Salvador.

El santuario fue construido originalmente en el siglo IV por orden del emperador Constantino y ampliado posteriormente por el emperador Justiniano. A lo largo de los siglos ha sobrevivido a invasiones, guerras y terremotos, convirtiéndose en un símbolo de la permanencia de la fe cristiana en Tierra Santa. En su interior se conservan antiguos mosaicos, columnas decoradas con imágenes de santos y numerosas capillas pertenecientes a las distintas comunidades cristianas que custodian el lugar.

Desde el punto de vista espiritual, la Basílica de la Natividad invita a los fieles a contemplar el misterio de la Encarnación: Dios que se hace hombre en la humildad de un pesebre. Descender a la gruta es para muchos peregrinos una experiencia profunda de oración y encuentro con Cristo, que recuerda el mensaje de sencillez, paz y esperanza que marcó el nacimiento de Jesús. Cada Navidad, el templo se convierte en el centro de las celebraciones cristianas en Tierra Santa y recibe a miles de fieles de todo el mundo.

Su administración es compartida entre las Iglesias Ortodoxa Griega, Apostólica Armenia y Católica.

La información para peregrinos puede consultarse a través de la Custodia de Tierra Santa.